En el panorama de la arquitectura moderna van apareciendo propuestas a contracorriente de lo habitual. Una de ellas: las casas enterradas. Suscitan un enorme interés por su originalidad y gozan de muchos puntos fuertes. Sus cualidades estructurales y energéticas las convierten en un modelo de viviendas altamente ecológicas.

Las casas bajo tierra: una larga historia

Cuando pensamos en arquitectura, nos vienen automáticamente a la mente imágenes de edificios que se elevan desde el suelo hasta el cielo. En las urbes sinónimas de modernidad como Nueva York, Dubái o Kuala Lumpur, las construcciones arquitectónicas suelen alcanzar alturas cada vez más vertiginosas.

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Fuente: Gizmodo.com

Parece una constante: una casa consta de cimientos, paredes y techo. ¿O no? ¿Y si fuera al revés? ¿Si el techo también fuera el suelo?

El concepto de casas enterradas no es nuevo. De hecho, los arqueólogos han descubierto asentamientos de más de 5000 años de antigüedad, como el famoso asentamiento neolítico de Skara Brae, en las islas Orcadas (norte de Escocia).

En Islandia vienen siendo una tradición desde hace siglos. Muchas de estas casas están inscritas en el catálogo del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

En el fondo, se trata de una reinterpretación de la cueva, esa vivienda primitiva del ser humano. Pero el término de casa enterrada o casa bajo tierra, como se le conoce en español, resulta un poco reductor. El término anglosajón earth-sheltered houses (casas protegidas por tierra) corresponde más a la realidad de esta peculiar vivienda.

El modo de construcción puede variar según el proyecto, pero el material más utilizado es el hormigón reforzado. Después de darle la forma deseada, se cubre la cara exterior del hormigón con materiales aislantes para luchar contra la humedad y la invasión de raíces. Por fin, se cubre la estructura con tierra.

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Fuente: Greenmagichomes.com

En los años 70, las casas enterradas empezaron a despertar el interés de arquitectos y residentes. En aquella época, la crisis del petróleo obligó al Occidente industrializado a buscar alternativas a su estilo de vida, especialmente a su modelo energético.

A pesar de su auge repentino, la arquitectura subterránea sigue siendo poco habitual en nuestros paisajes. Sin embargo, el Reino Unido, Suiza, Italia, España, Grecia, Nueva Zelanda y Estados Unidos son algunos de los países que, en la actualidad, cuentan con casas protegidas por tierra entre sus fronteras.

Su punto fuerte es su enfoque ecológico.

Un modelo de vivienda ecológica

La característica más llamativa de las casas enterradas es obviamente su aspecto. Como su techo y varias de sus paredes están recubiertos por tierra y vegetación, se consigue una integración óptima en el paisaje. Cada casa tiene su propio diseño, pero cuando la hierba crece, suele asemejarse a una colina.

Puertas y ventanas se colocan en las pendientes (naturales o artificiales). Algunas casas, como la de Vals (Suiza), se alojan en una ladera natural y ofrecen vistas espectaculares. Otras, como la casa del Parque Nacional de Pembrokeshire (Gales), se han edificado aprovechando la cima de una colina, haciendo posibles increíbles vistas panorámicas.

El mantenimiento externo se reduce a operaciones de jardinería. Se pueden cultivar plantas en el tejado. Es más: un tejado cultivado permite recoger parte de las aguas pluviales. Por lo tanto, indirectamente, también ayuda a regular el crecimiento espontáneo de los ríos en caso de precipitaciones abundantes.

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Fuente: Arquitecturayempresa.es

El terreno en el que se edifica la casa sufre una transformación, pero el impacto ecológico acaba siendo bajo, porque la tierra se repone. El uso de elementos del entorno reduce significativamente la cantidad de residuos generados.

La mayor de las ventajas de esta propuesta es la constancia de la temperatura. Como sucede en las casas trogloditas, el clima interior de una casa bien realizada se asemeja al confort térmico: la vivienda se conserva cálida en invierno y fresca en verano.

Este fenómeno se debe a la inercia térmica de las paredes y del techo de tierra, es decir, a su capacidad para absorber, conservar y ceder el calor. Gracias a la inercia térmica, enterrar la casa figura entre los sistemas pasivos más eficientes y confortables.

La constancia de la temperatura hace posible un importante ahorro de energía y emisiones de CO2. En la casa Llorenç (Muchamiel, provincia de Alicante), se ha podido ahorrar un 80 % del consumo energético de la vivienda simplemente gracias a la orientación, la ventilación, la inercia térmica y el jardín.

Además, al no estar levantadas sobre el suelo, las casas integradas en el terreno ofrecen una protección mayor contra las tormentas. La tierra también protege contra los incendios.

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Fuente: Arquitecturayempresa.es

La arquitectura subterránea requiere una importante fase de planificación. Es necesario conocer adecuadamente el terreno y las condiciones climatológicas, en todas las épocas del año. Así, pueden preverse mecanismos contra la humedad y decidir de la mejor manera sobre la exposición a la luz natural.

¿Un modelo milenario de vivienda como apuesta de futuro? En un mundo preocupado por la sostenibilidad y la reducción del impacto medioambiental, las casas protegidas por tierra constituyen claramente una solución viable. ¿Y tú? ¿Te apuntas a vivir bajo tierra?

Climatizadores evaporativos centralizados

Reducen la temperatura de forma natural y suponen un gran ahorro de energía

La propiedades aislantes de las casas enterradas son espectaculares, no obstante, en ambientes muy calurosos siguen siendo lugares donde la calor puede llegar a ser muy molesta. Los climatizadores evaporativos centralizados son equipos que permiten reducir el calor de la vivienda de forma muy eficiente. Con un consumo medio de 1kWh por cada 250m2, y con el aliciente de que los climatizadores evaporativos centralizados también mantienen el aire limpio, renovado y con un equilibrio perfecto en la humedad relativa del ambiente, son una alternativa perfecta.