La bioarquitectura es un concepto vivo que posiblemente tuvo su origen en los inicios de la evolución, cuando nuestros antepasados construyeron sus primeras viviendas con materiales del entorno, para protegerse de una naturaleza trepidante, climas extremos y peligros al acecho.

El sol, la lluvia, el calor, el frío, la vida en grupo, el descanso, la alimentación, la recolección, entre otros muchos factores y necesidades humanas, determinaron el tipo de adaptaciones en las construcciones.

La naturaleza no escatimó recursos: la tierra, el agua, la arcilla, el barro, la madera, las piedras, las hojas de los árboles, las cañas, la arena o los residuos agrícolas fueron elementos utilizados por nuestros antepasados para adecuar sus viviendas.

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Fuente: ArchDaily

Materiales naturales y entorno geográfico

El entorno geográfico fue determinante en el uso de materiales: el hielo y las pieles de animales en los iglús, y la paja y madera en las construcciones indígenas. Construyeron casas de piedra en regiones frías, especialmente en alta montaña. Así como con el barro, arena y paja para fabricar adobe, material resistente y adaptable a las variaciones térmicas de muchos lugares.

Este uso racional de materiales del entorno natural, relacionado con las características climatológicas de las diversas regiones del planeta, permitió el surgimiento de diversas técnicas de construcción tradicionales, de bajo costo, que aún hoy prevalecen. Esta arquitectura, que se adapta al entorno y que permite mantener el equilibrio con la naturaleza, es la base de la bioarquitectura.

Materiales no renovables y altos costos

Desafortunadamente, la evolución también supone otras formas de vivir en comunidad. Se trata de una expansión exagerada de las construcciones en detrimento de los territorios naturales y la búsqueda de materiales que ofrecen garantías de seguridad y perdurabilidad, ante un ritmo de vida en el que son importantes los valores de funcionalidad, competitividad social y económica.

Los materiales no biodegradables, como el acero o el concreto,  permiten técnicas modernas de construcción eficaces, ayudan a desarrollar la industria y la ciencia, pero si no se utilizan con moderación, los costos económicos y sociales pueden ser muy elevados. Unidos a sistemas y procesos que agotan los recursos no renovables, estos materiales pueden contribuir a degradar la calidad de vida del planeta y de los seres humanos que en él vivimos.

La contaminación de nuestras ciudades, el desequilibrio ambiental y climático o el calentamiento global, que empieza a dejar graves secuelas en nuestro mundo moderno, son hechos que nos obligan a tomar conciencia.

ejemplo de bioarquitectura y climatizador evaporativo

La alternativa: nuevas tecnologías y recursos tradicionales

Tomar conciencia de la crisis medioambiental que padecemos no implica volver a la prehistoria. Afortunadamente, somos una especie inteligente y creativa, capaz de plantear propuestas modernas para construir nuestras viviendas, integrando técnicas tradicionales y tecnologías no contaminantes.

Se podría decir que el reto actual de los arquitectos y empresarios de la construcción es encontrar el equilibrio entre las nuevas tecnologías, los bajos costos, la necesidad de vivienda de calidad y los principios de armonía con la naturaleza y el entorno.

Los sistemas e instalaciones de vivienda que funcionan con energías renovables ya son una realidad y cada vez cobran más vigencia en nuestro actual ritmo de vida. La mirada vuelve a nuestras fuentes primarias energéticas: el sol, el aire y el agua vuelven a ser elementos básicos de nuestra permanencia en la Tierra. Y son precisamente estos factores naturales los que vuelven a dar sentido a los nuevos conceptos de construcción de viviendas.

La bioarquitectura se fija en los materiales, pero ante todo se fija en nosotros, en los futuros habitantes de las viviendas, en nuestras necesidades físicas y emocionales. La vivienda vuelve al concepto antiguo de nido protector, lugar tranquilo que nos protege del mundo exterior, pero que al mismo tiempo nos integra en el entorno natural y nos permite relacionarnos con él.

Desde ese punto de vista, para el arquitecto cuenta todo: la selección del suelo en el que se construye, la ubicación del entorno, la distribución física de las edificaciones, las corrientes energéticas que atraviesan la zona y, sobre todo, las fuentes naturales que la circundan, para encontrar los sistemas e instalaciones que permitan una real interacción con el paisaje natural.

El objetivo es que la vivienda se integre en el paisaje, que sus habitantes puedan disfrutar de las comodidades interiores y exteriores, sin alterar los procesos naturales de su entorno. La luz, el aire, el color o la diversidad natural son elementos que dan valor añadido a este tipo de viviendas, que a su vez también cuentan con adecuadas instalaciones que cumplen con las normativas vigentes sobre conservación, reciclaje y gestión de residuos y aguas.

Finalmente, el sueño de vivir en armonía con la naturaleza, pero sin dejar de formar parte de una sociedad moderna, empieza a tomar forma con propuestas como las de la bioarquitectura. Queda compatibilizar este sueño con las normativas y regulaciones de las legislaciones vigentes, para que no se convierta en una excepción, sino en una posibilidad al alcance de todos.

Climatizadores evaporativo, en línea con la bioarquitectura

Climatización de bajo consumo respetuosa con el medio ambiente

Los climatizadores evaporativos están totalmente alineados con la tendencia de la bioarquitectura. Por un lado, ofrecen una prestaciones que están mucho más alineadas con manetener entornos sanos, donde el aire se renueva constantemente, el polvo y los ácaros se reducen notablemente, y se mantiene un equilibrio perfecto encuanto a la humedad relativa en el ambiente. Además los climatizadores evaporativos son perfectos para climatizar grandes espacios ya que con un sólo equipo, es posible climatizar hasta 250m2 y además ofrecen un consumo medio de 1kWh.